El comentario de Gael fue como una chispa sobre pólvora.
Damián se enfureció al instante y la ira le cruzó la mirada con una intensidad casi salvaje. Sin mediar palabra, arremetió contra él. Su espada descendió en una estocada poderosa, cargada de fuerza y orgullo herido. Gael bloqueó el golpe sin dificultad. El impacto fue fuerte, sí, pero predecible.
Damián atacó de nuevo, y otra vez. Las estocadas eran impulsadas por la rabia, pero carecían de la frialdad estratégica que Gael dominaba. Una t