Damián gimió, presionándose el pecho, y apenas pudo responder.
—Me… me siento mal…
Gael se arrodilló frente a él, colocó sus manos en el rostro de Damián y lo sostuvo con determinación, obligándolo a mirarlo.
—¿Qué sucedió? ¿Cómo es posible que usted esté pasando por esto? ¿En qué momento empezó, cuándo, por qué? —cuestionó.
El dolor que sentía Damián era intenso y su respiración se aceleraba con cada segundo que pasaba. Gael, con el ceño fruncido y la mandíbula apretada, respiró hondo y contin