A lo largo de aquel día, Nayla acompañó a Giskar por el palacio. Desde las primeras horas de la mañana hasta el atardecer, ella se encargó de conducirlo por los innumerables corredores, salones y galerías que conformaban la residencia principal de Ford.
Al principio, el Alfa de Sios había permanecido atento únicamente a la actitud exageradamente complaciente de la loba, esperando quizá alguna conducta caprichosa semejante a la del día anterior. Sin embargo, conforme transcurrieron las horas, su