La criada lo guió hasta llegar frente a la alcoba de Nayla. Cuando se detuvieron, la sirvienta hizo una rápida reverencia y se retiró.
Giskar permaneció frente a la puerta sosteniendo el cofre con una mano mientras golpeaba con fuerza usando la otra.
—¡Nayla! ¡Abre la puerta!
Dentro de la habitación, Nayla se sobresaltó al escuchar los golpes y el tono severo de su voz. Se levantó y caminó hacia la entrada, aunque no llegó a abrir.
—¿Alfa? —preguntó desde el otro lado de la puerta—. ¿Qué sucede