Uno de los lobos comenzó a acercarse a Sigrid sin hacer ruido. Se movía despacio, con cautela, hasta quedar peligrosamente cerca de ella. Sigrid no lo notó; estaba demasiado absorta escuchando a Oliver, concentrada en cada palabra que él decía. No percibió la presencia a su costado hasta que fue demasiado tarde.
—Esta loba tiene un rostro muy peculiar —murmuró el desconocido, con un tono de curiosidad.
Sigrid se sobresaltó al instante. Giró la cabeza con brusquedad y se encontró con el lobo dem