Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa madrugada tenía esa textura particular de las horas que no pertenecen ni a la noche anterior ni al día que viene. Las tres y cuarenta y siete minutos, según el reloj de la mesita de noche, y Aryanna llevaba sentada en el borde de la cama desde hacía más de una hora, con la espalda recta y los pies descalzos sobre la alfombra persa, como si el frío del suelo fuera lo único que la mantenía anclada a la realidad.
Los documentos ha







