El viento se arremolinaba a nuestro alrededor, trayendo consigo el olor de la tierra húmeda y la sangre derramada. El bosque estaba en silencio, expectante, como si los mismos árboles contuvieran la respiración ante lo que estaba por ocurrir.
Mi padre estaba frente a mí, imponente, con su pelaje plateado brillando bajo la luz de la luna. Su mirada era un abismo dorado, una orden silenciosa, una sentencia inquebrantable.
"Me perteneces."
Su voz resonó dentr