El bosque se cerraba tras nosotros, las sombras de la manada aún resonaban en la distancia, pero el viento traía consigo un susurro diferente. Algo antiguo, algo protector.
Corríamos, mi respiración entrecortada mezclándose con la de Eirik, quien apenas lograba mantenerse en pie. Su sangre manchaba la tierra a cada paso, pero no se detenía. No podíamos detenernos.
Fue entonces cuando la vi.
Una luz tenue, flotando entre los árboles.
No era el