Estaba ahí.
Silenciosa. Polvorienta. Inmóvil.
La caja fuerte que había sido una sombra más en el despacho de mi padre durante toda mi infancia. Siempre la veía. Siempre la ignoré. No porque no sintiera curiosidad, sino porque había aprendido que en esta familia las preguntas eran cuchillas y las respuestas, sentencias. Así que callaba. Observaba. Sobrevivía.
Hasta hoy.
Tenía la combinación. Matteo la encontró entre las últimas pertenencias de Dario, escondida como una confesión a medias. Era un