El golpe contra la pared resonó seco en el pasillo estrecho.
Esmeralda apenas podía mantenerse consciente. La droga le nublaba la vista, deformando las luces rojas de emergencia en manchas borrosas que giraban frente a sus ojos. Sentía el cuerpo pesado, torpe, como si ya no le perteneciera. El corazón le latía rápido, desesperado, mientras intentaba comprender por qué todo se sentía tan mal.
Ricardo la tenía atrapada entre su cuerpo y la pared fría.
Su respiración olía a alcohol fuerte.
A rabia