El cuerpo de Esmeralda apenas respondía.
Cada paso era una batalla contra el mareo insoportable que le atravesaba la cabeza. Las luces de “El Olimpo” se deformaban frente a ella como manchas líquidas mientras Ricardo la sostenía por la cintura con una firmeza que comenzaba a dolerle.
—Camina, princesa… ya casi salimos.
La voz de Ricardo sonaba distante.
Extraña.
Como si hablara desde otro lugar.
—
Esmeralda intentó apartarse.
—No… quiero… ir…
Las palabras apenas salieron completas.
La droga est