La música seguía golpeando las paredes de “El Olimpo” con una intensidad salvaje, pero para Esmeralda el sonido comenzaba a sentirse lejano, distorsionado, como si estuviera bajo el agua.
Las luces de neón se deshacían frente a sus ojos.
Azules.
Rojas.
Moradas.
Todo giraba demasiado rápido.
Apoyó una mano sobre la mesa intentando recuperar estabilidad mientras respiraba profundo.
“Necesito agua…”
Pero incluso pensar comenzaba a costarle trabajo.
—
A unos metros de distancia, varios ho