Esmeralda no dudó.
Eso fue lo que más pesó.
No el mensaje. No el pasado. No Emilio.
La decisión.
Porque esta vez no fue arrastrada.
Fue elección.
El lugar que Ricardo envió no era casual. Nunca lo era con él. Un espacio privado, silencioso, lejos del ruido corporativo… pero cargado de intención. No era un sitio para hablar superficialmente. Era un sitio donde las verdades no se suavizan.
Cuando llegó, él ya estaba ahí.
Esperando.
Como si supiera exactamente en qué momento aparecería.
—Sabía que