Hay momentos en los que la tensión deja de ser una sensación.
Y se convierte en una certeza.
No se puede seguir ignorando.
No se puede suavizar.
No se puede aplazar.
Simplemente…
Está ahí.
Esperando.
Ese era el punto al que habían llegado.
Todo lo que antes se había sostenido en capas —lo profesional, lo personal, lo no dicho— comenzaba a superponerse. Ya no había separación clara entre lo que sentían, lo que sabían y lo que estaban evitando.
Y cuando esas capas se