El golpe no llegó con aviso.
Llegó con precisión.
Esa mañana, el ambiente en la universidad se sentía distinto desde antes de que alguien dijera una sola palabra. No era evidente, pero estaba ahí, en los silencios más largos de lo normal, en las miradas que se desviaban demasiado rápido o que se sostenían un segundo de más. Algo ya estaba circulando.
Esmeralda lo sintió.
No como intuición.
Como certeza.
Cuando sacó su teléfono, no tuvo que buscar mucho. El mensaje ya estaba en todos lados. No e