La intimidad que había nacido bajo las luces suaves de la “Estrella del Alba” seguía envolviéndolos como un secreto imposible de romper.
El aire aún conservaba el calor de sus respiraciones mezcladas.
Del beso detrás de la oreja.
De las promesas silenciosas que ninguno de los dos se había atrevido todavía a nombrar como amor.
Pero el tiempo seguía avanzando.
Y la realidad, cruel e inevitable, esperaba fuera de aquella casa iluminada por estrellas.
Emilio observó a Esmeralda durante unos segundo