La puerta se cerró detrás de Emilio y el silencio volvió a envolver la habitación. Pero ya no era un silencio tranquilo. Era el silencio antes de una tormenta.
Esmeralda permaneció inmóvil sobre la cama, sintiendo el corazón golpeándole con fuerza contra el pecho.
“Mi futura esposa.”
Las palabras seguían retumbando dentro de ella.
Nunca las había dicho de esa manera.
No frente a empresarios. No como parte del pacto. No como una obligación familiar.
Lo había dicho como un hombre posesivo. Como a