El agua helada seguía cayendo sobre el cuerpo de Emilio con fuerza brutal, resbalando por sus hombros tensos y marcando cada músculo endurecido por la presión. Pero no importaba cuánto intentara enfriarse… el incendio seguía dentro de él.
Porque la imagen de Esmeralda no desaparecía.
Seguía viendo sus labios entreabiertos buscándolo desesperadamente. Sus ojos nublados por la droga. Sus manos pequeñas aferrándose a su camisa mientras lo besaba como si él fuera el único alivio posible para el fue