La lluvia seguía cayendo sobre Aurelia cuando el auto negro de Emilio atravesó las enormes rejas de la mansión Valeriano.
Las luces del camino iluminaron la fachada imponente de piedra y cristal, pero dentro del vehículo el ambiente era mucho más intenso. Esmeralda seguía aferrada a Emilio, respirando agitadamente, completamente consumida por el efecto de la droga.
El trayecto había sido una tortura para ambos.
Ella temblando de calor.
Él luchando contra sí mismo.
Cuando Emilio estacionó finalm