Esmeralda despertó varias horas después. La sensación de debilidad por la lucha de la noche anterior ya había disminuido. Sobre el tocador, un colgante de oro blanco finamente tallado yacía, reluciente. Era un regalo caro.
Doña Carmen entró en la habitación con una expresión rara vez vista: una mezcla de frustración y orgullo.
"Levanta la cabeza, Flor," exclamó, ayudando a Esmeralda a sentarse. "¿Qué te dio el Príncipe anoche? Cuéntame."
Esmeralda señaló el colgante. "Él... solo quería mostrar