Camila no esperó a mañana.
Camilo estaba a dos cuadras de la mansión cuando el teléfono le vibró en el bolsillo. Un mensaje de Raúl:
«Camila acaba de salir de la mansión en su coche. Iba rápido. La asistenta dice que agarró el bolso y salió corriendo sin cerrar la puerta.»
Camilo frenó en seco en medio de la calle. Un taxi le pitó detrás. Lo ignoró. Marcó el número de Camila.
Un timbre. Dos. Buzón.
«Camila, el teléfono de Camila Lincoln no está disponible en este momento.»
Lo había apagado. No