Camilo no se fue.
Se quedó de pie en la cocina con la silla volcada detrás de él y las manos apretadas contra el borde de la mesa y la respiración de un hombre que está peleando contra el impulso de agarrar el disco duro y salir corriendo porque sabe que si lo hace Camila tiene copias en el teléfono y que correr no sirve de nada cuando la persona que te persigue tiene el dedo sobre un botón que puede destruirte desde cualquier lugar del mundo.
---Siéntate, Camilo ---dijo Camila desde su silla c