CAPÍTULO 60

Las primeras cuatro horas fueron las peores.

Camilo no se movió de la silla de plástico frente a las puertas dobles de urgencias. Seguía descalzo, con el pijama puesto y las manos manchadas de la sangre de Valentina que se le había secado entre los dedos formando costras oscuras que no intentó limpiarse porque limpiárselas habría significado aceptar que todo esto era real.

Una enfermera le trajo café a las nue

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