C182- AQUÍ CONMIGO.
C182- AQUÍ CONMIGO.
La habitación era demasiado blanca y todo olía a desinfectante. Lucy estaba recostada en la cama, con la cabeza apenas ladeada hacia la ventana, los párpados pesados y la piel más pálida de lo que Eros recordaba. Las sábanas le cubrían el cuerpo hasta el pecho, y aunque su respiración era lenta y regular, sus ojos decían otra cosa.
Dolor.
Eros se detuvo en la puerta sin poder moverse, sentía las piernas entumecidas, como si al cruzar esa puerta fuera a quebrarse en pedazos.