93. Un nido de víboras
Su terror la deja sin decir ni una palabra. La serenidad de Damiana es tétrica y absorbe la tranquilidad que había obtenido todos estos meses, y más con el nacimiento de su bebé. Mantener la calma ahora se le va de la mano y busca por todas partes mantenerse serena. Arropa más a su bebé con las mantas y le oculta su rostro de ella.
—Te advierto una cosa —Angelina muestra su dedo. Lentamente su gesto está lejos de la sensatez. Existe sólo discordia—, aléjate lo más que puedas de mí y de mi hijo