Cristina llegó al hotel con pasos cansados, arrastrando consigo el peso de todo lo que había vivido ese día. El ascensor parecía eterno hasta llegar al último piso. Cada segundo dentro de aquella caja metálica se sentía como un martillo golpeando su mente con recuerdos recientes. La mirada de Rubén, la sonrisa de la niña que lo llamaba papá, la mano firme de Elio sujetándola de la cintura, su voz fría y segura pronunciando frente a todos “mi esposa”.
Cuando por fin llegó a la suite, abrió la pu