La casa estaba en silencio.
La casa estaba en silencio. El tic-tac del reloj en la pared era lo único que se movía, pero todo lo demás estaba en suspenso. Los familiares más cercanos se habían reunido en la sala principal donde descansaba, sobre una mesa cubierta con un mantel blanco bordado, la urna con las cenizas del abuelo de Cristina. El aire olía a flores y a cera, pero también a nostalgia, a fantasmas que se arrastraban entre los muebles.
Cristina estaba de pie en medio de la sala, co