El despacho de Rubén
Rubén estaba en su despacho, con las manos cruzadas detrás de la espalda, mirando por la ventana hacia los jardines de la mansión. La mente le daba vueltas y vueltas a las palabras de Cristina, a la risa de Isaac, a la incomodidad que sintió al escuchar a Elio cerca de ellos. Un nudo en la garganta lo estaba asfixiando.
De pronto, la puerta se abrió suavemente.
—¿Hijo, puedo pasar? —preguntó Ángela con voz serena.
Rubén giró y, al verla, esbozó una ligera sonrisa.
—Sí, mamá