Capítulo 33

—¿Laura? —dijo Elio, sorprendido, al verla entrar.

La mujer avanzó con paso firme, llevando de la mano a un niño de ojos brillantes.

—Así es como nos recibes, Elio. —Su voz estaba cargada de reproche—. Un año sin vernos, sin ver a tu hijo, ¿y esa es la cara de felicidad que pones?

Don José, que aún permanecía en el despacho, miró a su nieto y luego posó la vista en el niño. Se acercó con ternura y abrió los brazos.

—Ven aquí, mi bisnieto querido.

—¡Abuelo! —exclamó el pequeño corriendo hacia él
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