Elio estaba en su oficina con un fuerte dolor de cabeza producto de la resaca. Sobre el escritorio se apilaban documentos pendientes de firmar; los revisaba uno a uno con desgano, hasta que el sonido de su teléfono interrumpió el silencio.
Lo tomó con cierta pereza, pero en cuanto vio el nombre en la pantalla, su semblante cambió.
Era un mensaje de Cristina:
“Isaac quiere verte.”
Elio se quedó inmóvil unos segundos, leyendo una y otra vez aquellas palabras, como si temiera que desaparecieran. U