– Cimientos de cristal
Elio salió del hotel con el paso pesado, sintiendo que el aire de la madrugada le quemaba los pulmones. Al llegar a la acera, levantó la mano mecánicamente y un taxi se detuvo frente a él. Antes de entrar al vehículo, Elio sintió una extraña punzada y levantó la mirada hacia la fachada del edificio. Allí, en una de las ventanas del piso superior, una silueta borrosa lo observaba. Era Paula.
Elio suspiró, un aliento cargado de alcohol y cansancio, y murmuró un "adiós" casi