– El Refugio de tus Brazos
La suite presidencial del hotel estaba sumida en una calma acogedora, iluminada únicamente por la luz tenue de un par de lámparas de pie y el resplandor de la ciudad que se filtraba por los ventanales. Cristina caminaba de un lado a otro sobre la alfombra de felpa, con los brazos cruzados y el corazón latiendo a un ritmo irregular. Isaac ya dormía profundamente en la habitación contigua, ajeno a las tormentas de los adultos, pero Cristina no podía conciliar el sueño.