– El Eco de la Traición
Roxana salió de la mansión Caruso con la cabeza en alto, aunque sus piernas temblaban bajo la fina tela de su vestido de seda. No permitió que los guardias le abrieran la puerta del auto; ella misma subió a su elegante sedán deportivo, acelerando con una furia que hizo chirriar los neumáticos sobre la gravilla. Mientras conducía, sus manos se aferraban al volante con tal fuerza que sus nudillos estaban blancos.
—Inútiles... estúpidos —rugía entre dientes, mirando por el