Cristina jadeaba suavemente, aún recuperándose del beso arrebatador que Rubén le había dado. Sus labios ardían, su corazón palpitaba con una fuerza que no recordaba haber sentido en años. Había algo en ese hombre que la desarmaba, que la hacía temblar entre el deseo y el miedo.
—R-Rubén… detente —susurró, con voz entrecortada, apoyando ambas manos sobre su pecho firme.
Él, con los ojos brillantes de pasión, se contuvo. Retiró sus labios apenas unos centímetros y la observó con una sonrisa que m