– El exilio de la inocencia
El mundo de Laura se detuvo en seco. La imagen de Elio, el hombre por el que había sacrificado su orgullo y su juventud, entregado a los labios de esa mujer que parecía el espectro de su propia ruina, se grabó en su retina como una cicatriz de fuego. No hubo gritos de histeria, ni escenas de celos escandalosas; lo que sintió Laura fue algo mucho más letal: el vacío absoluto.
Sin decir una palabra, dio media vuelta. Sus piernas, que antes temblaban, ahora se movían c