– Pactos de Silencio
El aire en el restaurante pareció volverse más denso cuando Elio, con Isaac sujeto firmemente de la mano, se levantó de su mesa para dirigirse hacia el lugar donde Cristina y Rubén terminaban su almuerzo. Cristina sintió que el corazón le daba un vuelco. A pesar de los años, Elio seguía teniendo esa presencia imponente que podía llenar cualquier habitación, pero esta vez no había una tormenta de ira en sus ojos, sino una calma inquietante, casi melancólica.
—Buenas tardes —