– El brindis de la tregua
El restaurante era un oasis de luz tenue y música suave, un lugar donde las élites de la ciudad solían cerrar tratos o celebrar romances. En una de las mesas centrales, la felicidad parecía haberse instalado de forma definitiva. Isaac, radiante, devoraba su almuerzo mientras no dejaba de admirar a Rubén. Para el niño, Rubén no era solo el hombre que acompañaba a su madre; era el héroe que había regresado del olvido.
—Tío Rubén —dijo Isaac, dejando los cubiertos por un