– Cenizas del pasado
El sedán de Cristina se detuvo frente a la imponente fachada de la mansión Caruso. Los muros de piedra y los portones de hierro forjado, que una vez le parecieron los límites de un palacio de ensueño, ahora se alzaban ante ella como los barrotes de una prisión que finalmente había logrado abrir.
Cristina permaneció unos segundos con las manos sobre el volante, observando la entrada. Jessica, a su lado, suspiró profundamente y miró a su amiga con una mezcla de nostalgia y a