—¿Por qué haces esto, Cris? —gritó Rubén a sus espaldas—. Sabes que te amo. Sé que cometí un error muy grande al irme sin despedirme, pero mi padre estaba muriendo... ¡Y sé que él te llamó!
Cristina cerró los ojos con fuerza, sintiendo el golpe de esa mención. Se detuvo, pero no se giró. —Eso no importa ya, Rubén. Si tu padre me llamó o no, no cambia los hechos.
—¡Claro que importa! —insistió Rubén acercándose—. Sé que él te amenazó. Sé que él cree que eres un obstáculo para mi apellido, pero q