Elio la empujó dentro del cuarto y cerró la puerta de un golpe, girando la llave con un chasquido que sonó definitivo. Se volvió hacia ella, con el rostro desencajado.
—Escúchame bien, Cris —dijo él, jadeando—. Si crees que te vas a divorciar de mí, si crees que voy a dejar que te vayas con tus papeles y tu libertad a buscar a ese infeliz, estás muy equivocada.
—Elio, por favor, cálmate. —Mira lo que estás haciendo —dijo Cristina, tratando de mantener la voz nivelada aunque su corazón latía con