Del otro lado, un vehículo privado las esperaba en la pista. Y junto a él, Rubén, de pie con las manos en los bolsillos, sonriendo como si lo tuviera todo bajo control. A su lado, un capitán vestido con uniforme impecable las observaba con atención.
Cuando se acercaron, el capitán las saludó con cortesía:
—Buenos días, señoritas.
—Buenos días —respondieron ambas al unísono.
—Pueden subir cuando gusten —añadió él, haciendo un gesto hacia las escaleras de la avioneta.
Jessica soltó un suspiro con