El aeropuerto bullía de vida aquella mañana. Decenas de pasajeros se movían en todas direcciones con maletas a rastras, mientras las pantallas anunciaban salidas y llegadas en un vaivén constante de letras luminosas.
Rubén estacionó el auto en la zona exclusiva y bajó con agilidad. Caminó hacia la puerta trasera y, con un gesto galante, la abrió para Cristina.
—Con cuidado —dijo con una leve sonrisa.
Cristina asintió y bajó despacio. Acarició su vientre sin que él lo notara y respiró hondo, com