Se veía su mano grande y fuerte apretando la curva de su cadera, atrayéndola hacia sí. Se veía la otra mano de Rubén subiendo hacia el cuello de ella, en un gesto que parecía de pura posesión, de deseo incontenible.
Cristina se llevó una mano a la boca para ahogar un grito. Las lágrimas brotaron de golpe, calientes y dolorosas, nublándole la visión, pero no podía dejar de mirar. Estaba hipnotizada por el horror.
La mujer del video —cuyo rostro Cristina no lograba identificar del todo por el án