– Una mentira tras otra
La puerta de la oficina se abrió apenas unos segundos después de que Cristina soltara el teléfono. Jessica entró con una sonrisa ligera, cargando un par de carpetas bajo el brazo, pero la expresión se le borró del rostro en el instante en que sus ojos se posaron sobre su jefa y amiga.
Cristina estaba pálida, con las manos temblando sobre el escritorio y el rostro bañado en lágrimas silenciosas pero devastadoras. Parecía haber envejecido diez años en cinco minutos.
—¿Cri