Victoria no se apresuró al hablar.
Dejó que las palabras se asentaran.
Dejó que Elena las escuchara.
«Se trata de poder».
La afirmación quedó suspendida en el aire.
Pesada.
Inevitable.
Elena se recostó ligeramente.
Observándola ahora…
No como la esposa de Adrián.
Sino como algo más.
Algo… inesperado.
«¿Y qué es exactamente lo que quieres?», preguntó Elena.
Victoria sonrió.
No con calidez.
No con amabilidad.
«Control».
Sencillo.
Directo.
Pero no sorprendente.
«Ya lo perdiste», respondió Elena.
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