Victoria no lloró.
No gritó.
No se enfrentó.
Observó.
Porque las mujeres como ella…
No se derrumbaban ruidosamente.
Se adaptaban.
Las fotos seguían abiertas frente a ella.
Elena.
Adrián.
Y el otro hombre.
Sus dedos tamborileaban suavemente sobre la pantalla.
Sin nerviosismo.
Con determinación.
«Te ves feliz».
Lo dijo en voz baja.
Pero no había calidez en su voz.
Porque ahora…
Entendía algo con claridad.
Adrián no solo la había abandonado emocionalmente.
La había reemplazado.
¿Y eso?
Eso era alg