Elena no habló.
Ni cuando entraron.
Ni cuando la habitación cambió a su alrededor.
Porque ahora…
Entendía algo con claridad.
Aquel no era un lugar para hablar.
Era un lugar para observar.
Los hombres permanecían en grupos silenciosos.
Miradas penetrantes.
Movimientos controlados.
Nadie reía.
Nadie perdía el tiempo.
Y sin embargo…
Todos la notaban.
«Ella no pertenece aquí».
El susurro era suave.
Pero no lo suficientemente suave.
Elena lo oyó.
No reaccionó.
Porque ¿reaccionar?
Significaría incert