Adrian no esperó.
No planeó.
No pensó.
Actuó.
En el instante en que la vio…
Cruzó la habitación.
Rápido.
Directo.
«Elena».
Su nombre no sonó suave esta vez.
No era anhelo.
Era exigencia.
Se giró lentamente.
Pero ya lo sabía.
Este momento se acercaba.
«Adrian», dijo con calma.
Demasiada calma.
Solo eso…
Hizo que algo se rompiera dentro de él.
«¿Crees que esto es un juego?», preguntó.
Una pausa.
«Porque yo no».
Apretó ligeramente la mano alrededor del teléfono…
Luego lo levantó.
La imagen.
Ella.