Adrian no se quebró.
Cambió.
Eso era peor.
¿Porque quebrarse?
Te hacía débil.
Pero cambiar…
Eso te hacía peligroso.
El vaso en su mano se agrietó ligeramente.
No por la fuerza.
Por la presión.
Interna.
«Ella lo eligió».
Las palabras no eran emotivas.
Eran… procesadas.
Analizadas.
Almacenadas.
Su reflejo lo miraba fijamente.
Tranquilo.
Demasiado tranquilo.
«Entonces me quedo con todo lo demás».
Sencillo.
Lógico.
Porque si no podía tenerla…
Se aseguraría de que nadie más pudiera tenerla de verdad