29. Adentrándose en un nido de víboras
El taxi amarillo arrancó a toda velocidad en cuanto Bianca le entregó varios billetes. El conductor ni siquiera se molestó en contar el cambio; solo quería salir cuanto antes de las polvorientas y bacheadas calles del Distrito Sur.
Bianca se quedó sola en la acera agrietada. El sol del mediodía brillaba con fuerza, pero aquel lugar parecía tener su propia nube gris. El Distrito Sur de Seattle era el vientre oscuro de aquella deslumbrante metrópolis. Los edificios estaban sucios, con la pintura d